martes, 16 de febrero de 2010

Haciendo memoria

El comienzo de la historia

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¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué hago aquí?
Trato de recordar, pero no puedo... En serio, mi último recuerdo fuera de este lugar se me escapa...

Tengo tantas cosas encima mío que es poco lo que se ve de mi cuerpo. Tengo vendas con sangre seca en el pecho. ¿Qué habrá pasado?
¿Un accidente de autos? Yo no manejo, pero viajo con mucha gente que sí lo hace... Pero no conozco a ningún imprudente
¿Una caída? Tengo escaleras en casa...Pude haberme resbalado... Aunque, no...Estas heridas no son de una simple caída.
A ver... Quizás quisieron robarme, o algo peor. ¿Me habrán atacado?

La cabeza me duele... A veces, desearía que mi cuerpo me diera tregua un momento, para pensar con más claridad.

Mentalmente, "cierro los ojos"... Es decir, dejo de prestarle atención a mi entorno. Hago mi mayor esfuerzo y hago oídos sordos a las quejas de mi cerebro. Mi pulso se acelera un poco, lo cual hace que la enfermera levante la vista un instante.

Me transporto... Parece que por fín lo logré....

Estoy en la calle. Son las cuatro de la tarde. Camino por calles un poco rotas. La vereda me hace tropezar por momentos. Igual, apenas me doy cuenta, porque estoy acostumbrada. estoy hablando con alguien, riéndome. Su rostro se me pierde... No lo recuerdo. Presto atención a la voz. Un hombre, bah, un chico de mi edad... Sé que lo conozco, pero hay algo que me impide identificarlo... es como si viera borroso y lo escuchara lejos, como para no entender que me dice. Definitivamente, hablábamos de cualquier cosa sin importancia, y mi memoria no lo registró siquiera...
Llegamos a una esquina, se escuchan estruendos... ¿Qué pasa?
Cruzamos la calle. El fogonazo se escuchó cerca. Miro hacia donde lo escuché. Mi compañero también. Corremos para ponernos a cubierto.
Otro disparo. Una caída... No soy yo, sino mi amigo. No llegó a guarecerse. Me doy vuelta y sigo sin ver su rostro. Está tirado en la vereda, con un charco de sangre debajo suyo, que se hace cada vez más grande.
Me imagino que debe ser alguien muy importante para mí. Tan importante, que borré el recuerdo de su muerte, para no sufrir. Sin embargo, ¡debo recordarlo! ¿Quién se fue antes que yo?
Alguien se acerca corriendo hacia mí... Pero no me doy cuenta, hasta que me agarra del pelo y me pone un arma en la cabeza.
Más disparos.
Siento uno en el pecho. El hombre me había agarrado tan rápido para que sea su escudo, que el policía que lo venía persiguiendo se dio cuenta de mi presencia luego de disparar.
Otro más, otro policía, que tampoco me habrá visto bien.
Mi captor me tira al suelo. Ya no le sirvo.
Y ahí quedo... a pocos metros de ese chico. También me desangro, pero aún respiro. No logro moverme y mi vista se nubla rápidamente.
Gracias a Dios, la ambulancia llega a tiempo, para que no me vaya tan pronto. Escucho mil voces, entre médicos, policías y curiosos. Un instante de lucidez me deja ver que tapan la cabeza del joven que iba conmigo. Pero no siento dolor, ni nada... No puedo ni pensar.

Busco más recuerdos. Nada de nada...
Lo siguiente es lo que relate antes.
Al menos, sé qué pasó. Qué desgracia... ¿Nosotros que teníamos que ver? Sólo pasábamos por ahí.

Seguro que ese hombre ni siquiera está preso. Ahora debe estar cómodamente sentado en un sillón raído en su casa, mirando un canal de aire, con una cerveza en la mano. O quizás, en algún bar de mala muerte, gastando sus pocos centavos en alcohol. Seguro que no tiene pensamientos que vayan más allá de sus planes para los próximos cinco minutos.

Seguro que ese policía que me disparó debe estar carcomido por la culpa. Debe estar en su oficina, tratando de poner orden a lo ocurrido, presionado por su jefe, repudiado por los periodistas y tratando de hacer algo por los familiares. O quizás, esté ahogándose en algún vicio para no pensar... sabe que no puede enmendar su error... Ni siquiera capturando a aquel criminal va a devolverle la vida a mi amigo, ni me va a sacar a mí del hospital...

Uno piensa siempre en la muerte por enfermedad o por algún accidente trágico... Al menos, yo... Le temía más al cáncer que a la inseguridad de mi país... Ni se me había cruzado por la cabeza que todo eso que veía en televisión podía pasarme a mí.

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